Cuando muere uno de dos gatos: qué le pasa al que queda y cómo acompañarlo

Los gatos tienen fama de ser independientes. Esa fama lleva a muchas familias a asumir que, cuando muere el otro gato de la casa, el que queda no lo registra demasiado. La evidencia dice otra cosa.

Lo que pasa en los gatos es real, está documentado, y muchas veces pasa desapercibido justamente porque sus señales son más sutiles que las de los perros.


Lo que dice la investigación

En 1996, la Asociación Americana para la Prevención de la Crueldad hacia los Animales (ASPCA) realizó el Companion Animal Mourning Project, uno de los primeros relevamientos sistemáticos sobre duelo en animales de compañía. El estudio encontró que el 65% de los gatos mostró cuatro o más cambios conductuales después de la muerte de un compañero del hogar.

Más recientemente, investigadoras de la Universidad de Oakland, Jennifer Vonk y Brittany Greene, relevaron a 412 familias con gatos y encontraron que, tras la muerte de otro animal del hogar, los gatos buscaban más atención, pasaban más tiempo solos, comían menos y dormían más. Vonk señaló que uno de los hallazgos más significativos fue que los cambios conductuales estaban directamente relacionados con la calidad y duración del vínculo entre los dos animales.

La Asociación Americana de Medicina Veterinaria (AVMA) también documentó, a partir de un estudio financiado por la Morris Animal Foundation, que tanto perros como gatos muestran conductas similares al duelo tras la muerte de un compañero del hogar, incluyendo búsqueda del animal ausente y demanda de mayor atención de sus dueños.


Lo que puede mostrar el gato que queda

Las señales en gatos son distintas a las de los perros: más silenciosas, más graduales, más fáciles de confundir con otras cosas.

Cambios en la vocalización. Alrededor del 70% de los gatos relevados en el Companion Animal Mourning Project mostró cambios en sus patrones vocales: algunos maullaban más, otros se volvieron más silenciosos.Ambas respuestas son posibles y normales.

Cambios en el apetito. El 46% de los gatos relevados mostró reducción del apetito tras la muerte de un compañero felino. En algunos casos también se observa el efecto contrario: ingesta aumentada por ansiedad.

Búsqueda del otro. El gato olfatea las zonas del compañero, su cama, sus objetos. Lo hace de forma más discreta que un perro, pero lo hace. Puede recostarse en los lugares que el otro frecuentaba.

Cambios en el sueño. Más horas de sueño en algunos casos, o dificultad para asentarse en otros. También es frecuente que cambie el lugar donde duerme.

Mayor o menor demanda de atención. Cuanto más tiempo habían convivido los dos animales y más actividades compartían, más probable era que el gato sobreviviente buscara mayor contacto con las personas del hogar.

Una señal que muchas familias no asocian: cambios en el uso de la caja de arena o en los patrones de marcaje. El estrés sostenido puede manifestarse también ahí.


Un matiz importante: el vínculo previo importa mucho

A diferencia de los perros, en los gatos la respuesta conductual está muy determinada por cómo era la relación entre los dos animales. Dos gatos que convivían pero tenían poco vínculo afectivo pueden mostrar señales mínimas o ninguna. Dos gatos con vínculo estrecho pueden mostrar cambios prolongados.

Esto significa que si tu gato “no reacciona”, eso también es una respuesta válida. No hay una forma correcta de procesar la ausencia.


Qué ayuda

Al igual que en los perros, la rutina es el recurso más eficaz. Horarios estables de comida, juego y presencia humana organizan el día del gato en un entorno que cambió.

Dos cosas que conviene evitar:

Reforzar la vocalización de duelo. Es natural querer calmar al gato cuando maúlla de más. Pero responder sistemáticamente con premios o atención en ese momento puede consolidar el comportamiento. Lo que funciona mejor es mantener la calma y ofrecer atención en momentos de tranquilidad.

Apurar la introducción de un nuevo gato. Los gatos tienen una estructura social mucho más acotada que los perros: su mundo es el interior del hogar o el perímetro inmediato. Un gato nuevo puede representar más estrés que compañía, especialmente si el que queda es mayor o si los dos anteriores eran competitivos. Conviene esperar a que el gato sobreviviente se haya estabilizado antes de considerar esa decisión.


Cuándo consultar al veterinario

La mayoría de las respuestas conductuales se resuelven solas en dos a seis semanas. Estas señales sí ameritan consulta:

  • Rechazo del alimento por más de 48 horas
  • Cambios abruptos en el uso de la caja de arena
  • Lamido compulsivo o pérdida de pelo
  • Aislamiento total sostenido por más de una semana

Investigadores señalan que los gatos en duelo pueden presentar niveles elevados de hormonas de estrés, lo que puede derivar en acicalamiento excesivo y problemas con la caja de arena. Si eso aparece, el veterinario puede evaluar si corresponde algún tipo de intervención.

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