Cuando muere uno de dos perros: qué le pasa al que queda y cómo acompañarlo

Cuando muere uno de los perros de la casa, el duelo de la familia es visible. Lo que muchas veces pasa desapercibido es lo que está viviendo el otro perro.

No sabemos con certeza si los perros comprenden la muerte como concepto. Lo que sí sabemos, y está documentado en etología y comportamiento animal, es que registran la ausencia. Y esa ausencia cambia su conducta.


Lo que puede mostrar el perro que queda

Las señales varían según el vínculo que tenían los dos animales, la edad, el temperamento y la dinámica del hogar. No todos los perros responden igual, y eso también es normal.

Algunos comportamientos frecuentes:

Búsqueda activa. El perro olfatea los lugares donde dormía el otro, sus juguetes, su cama. Puede recorrer la casa como buscando algo. Es una respuesta directa a la ausencia del olor y la presencia del compañero.

Cambios en el apetito. Algunos perros comen menos durante algunos días. Otros aumentan la ingesta por ansiedad. Ambas respuestas son posibles y, si duran menos de una semana, no requieren intervención.

Más sueño, menos juego. Una reducción temporal de la actividad es habitual. El perro puede pasar más tiempo quieto, en los lugares donde solía estar con el otro.

Mayor apego a la familia. Muchos perros buscan más contacto con las personas del hogar. Es una forma de reorganizarse ante el cambio.

Vocalización. Puede aumentar o reducirse según el perro. Algunos ladran o lloran más. Otros se vuelven más silenciosos.


¿Cuánto tiempo dura?

En la mayoría de los casos, estas señales se estabilizan entre dos y cuatro semanas. En perros con vínculos muy estrechos, puede extenderse hasta dos o tres meses.

Lo que no hay que esperar es que el perro “supere” la ausencia de un día para el otro. Tampoco que no la note en absoluto.


Qué ayuda

No hay que hacer nada especial. Lo que más ayuda es lo más simple: mantener la rutina.

Los horarios de comida, los paseos, la presencia cotidiana. Eso le da estructura al perro en un momento en que su entorno cambió. La rutina no reemplaza al compañero, pero organiza el día y reduce la ansiedad.

Dos cosas que conviene evitar:

Sobreproteger. La tendencia natural de muchas familias es no dejar solo al perro, cargarlo todo el tiempo, compensar con atención constante. Eso puede generar ansiedad por separación a mediano plazo.

Ignorar la situación. El otro extremo: estar tan sumidos en el propio duelo que el perro pierde estructura y presencia humana. Los perros leen el estado emocional de la familia. Si el hogar cambió radicalmente de dinámica, el perro lo percibe.

El equilibrio es presencia sostenida, sin excesos en ningún sentido.


Cuándo consultar al veterinario

La mayoría de las respuestas conductuales se resuelven solas. Hay algunas señales que sí ameritan una consulta:

  • Rechazo del alimento por más de 48 horas
  • Diarrea o vómitos sostenidos sin causa aparente
  • Lamido compulsivo o conductas repetitivas nuevas
  • Agresión súbita sin estímulo claro

Si alguna de estas aparece, es importante descartarlas como respuesta física al estrés antes de atribuirlas exclusivamente al comportamiento.


La pregunta que muchas familias tienen

¿Traigo otro perro pronto para que el que queda tenga compañía?

Es una pregunta válida, y no tiene una respuesta universal.

Un perro nuevo puede ayudar al que queda a reorganizar su rutina social. También puede generar más estrés, especialmente si el perro que queda es mayor, tiene un temperamento particular, o si la familia todavía está en un momento de duelo intenso.

Lo que conviene es no tomar esa decisión desde la urgencia. Hay tiempo para pensarla bien, cuando el momento de duelo esté más procesado, tanto para el animal como para las personas del hogar.


Si estás transitando este momento con tu perro y tenés dudas sobre lo que está mostrando, podés escribirnos. Acompañamos a familias y animales antes, durante y después.

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