“Despedirse conscientemente: la pregunta antes que la respuesta”

Me cuesta responder qué es despedirse conscientemente.

Y creo que esa dificultad tiene sentido. Porque la conciencia no es una sola cosa. No es un estado que se alcanza o no se alcanza. Es una pregunta que se abre o no se abre en el momento en que más duele.

Por eso prefiero dar vuelta la pregunta: ¿qué es consciente para cada uno?


No hay una sola manera

Aparece mucho la palabra “aceptar”. Aceptar lo que está pasando, aceptar lo que ya pasó. Y entiendo por qué  hay algo liberador en esa idea.

Y al mismo tiempo, no estar tan consciente también puede ser una respuesta saludable. La mente tiene sus tiempos. El shock, la incredulidad, la distancia emocional no son fallas. Son formas que el cuerpo y la mente tienen de protegerse mientras procesan algo muy grande.

Lo que me importa no es el cómo. Es que haya una pregunta antes: ¿qué necesito en este momento?

Esa es la llave.


La evitación y el contacto: las dos son válidas

Muchas veces la evitación de la despedida es la manera. Y el contacto profundo es la otra. Y ambas son saludables si parten de una búsqueda interna genuina, no de lo que se supone que hay que hacer.

No desde el deber. No desde el juicio ajeno. No desde los ritmos de otros.

Desde ese lugar profundo donde puedo elegir.

Viktor Frankl, psiquiatra y filósofo que dedicó su vida a entender el sentido humano frente al sufrimiento, escribió que entre el estímulo y la respuesta siempre existe un espacio. Y que en ese espacio vive nuestra libertad de elegir. Darle valor a lo que podemos elegir, aun en los momentos más dolorosos  eso es, para mí, donde vive la conciencia.

Cuando acompaño a una familia y pregunto ¿querés venir a despedirte? esa pregunta abre algo. Entra en la vulnerabilidad del otro. Y desde ahí, lo que decida esa persona, ya es un acto consciente. Porque se preguntó.


La última noche de Milli

Cuando murió Milli, nuestra perra, todos en casa supimos que era la última noche.

Somos cinco. Y hubo de todo: lágrimas, palabras, silencio, presencia y ausencia. Cada uno de los chicos se acercó en el momento que pudo y como pudo. No hubo una forma correcta. No hubo un guión.

Lo que hubo fue una pregunta que circuló, dicha o no dicha: hacé lo que sentís, lo que te hace sentido en este momento.

¿Eso fue despedirse conscientemente? Todavía no lo sé del todo.

Lo que sí sé es que cada uno pudo elegir. Y creo que ahí, en esa elección, es donde la conciencia encuentra su lugar.


Las formas son miles

Después, las maneras de despedirse son infinitas. Una caricia. Una carta. Estar presente. No poder estar y aun así sentir. Un ritual. Un silencio.

Si pudimos preguntarnos ¿cómo quiero despedirme? ya dimos un paso importante. Quizás el más importante.

No porque garantice que el duelo sea más fácil. Sino porque nos devuelve algo que la muerte muchas veces nos saca de las manos: la posibilidad de elegir.


Estamos para acompañarte

En Huellas del Alma no decimos cómo despedirse. Acompañamos para que cada persona pueda encontrar su propia forma. Si estás atravesando este momento y querés un espacio para pensar juntos cómo hacerlo, podés escribirnos.

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Mariana Pérez es acompañante en fin de vida y Doula de muerte. Se formó y trabaja en El Faro Asociación Civil, ONG dedicada al acompañamiento en fin de vida, donde hoy ejerce como coordinadora. Esa trayectoria y mirada profesional es la que lleva ahora al mundo de los animales de compañía, a través de Huellas del Alma.

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